Fácilmente se deslizaban por mi piel
Enervantes caricias que me dabas,
Roces envueltos de deseo y placer, y
Orgullosos tus dedos que me tocaban
Mientras mi cuerpo bajo el tuyo se encorvaba.
Omnipotente tentación tal que a esas alturas
Nadie podría haber apagado nuestra llama, que yo
Acercándome a tu lado de la cama
Seducida al fin quedé por ser tuya.
BRAVO!
ResponderEliminar