16 de marzo de 2010

Los pecados capitales desde la naturaleza animal del ser humano


Siempre se han asociado los conceptos de cuerpo y pecado, tentación o impureza. No nos confundamos: el cuerpo es lo más natural y puro que tenemos. El cuerpo en sí no es malo sino lo que pudiéramos hacer con él, y todo lo que obramos lo decide nuestra mente.

Con esto no quiero decir que nos abandonemos al infierno, pero hay que aceptar algunas tendencias inconscientes que tiene el ser humano en su naturaleza animal. El pecado proviene de nuestra parte animal, y es tarea nuestra el superarla. Asumir nuestra naturaleza no quiere decir dejarse llevar por la misma. Pero quizás no todas estas tendencias sean tan incorrectas o inmorales (o amorales) como nos han asegurado siempre.

Analicemos ahora, por ejemplo, los siete pecados capitales vistos desde esta perspectiva animal:

1. LA IRA
Nos pone a la defensiva, con los nervios a flor de piel, nuestra adrenalina se dispara...es un estado de máxima excitación durante el cual se pierde el miedo y se gana fuerza bruta para enfrentarse al enemigo o el obstáculo. Se pierde la conciencia lógica, pero supone un estado de defensa para el organismo.

2. LA GULA
Es el comer por comer. Deseamos obtener aquello que nos gusta: si hemos dejado de tener hambre y nos ponen ante nuestros ojos nuestro alimento favorito, seguramente lo comamos. No se trata de abusar, ni de perjudicarnos la salud por empacho, indigestión...pero mientras un organismo disponga de recursos energéticos los ingerirá sin pudor para prolongar su vida en períodos de escasez.

3. LA AVARICIA
Se trata de un acto de territorialismo. Defendemos lo nuestro para evitar perderlo. Hay que evitar que esta defensa sea obsesiva, pero no está de más proteger lo propio del resto.

4. LA SOBERBIA
El imponerse representa el deseo de hacerse respetar, lo cual conlleva la dominancia sobre el resto de individuos de la especie. Supone un intento de pasar de subordinado a líder, el que goza de mayores beneficios de la manada.

5. LA ENVIDIA
Se puede considerar como la competencia contra seres de tu misma especie por un mismo bien. Normalmente se envidia a personas del mismo sexo por cuestiones relacionadas con el apareamiento, por la conquista de individuos del sexo contrario.

6. LA PEREZA
Es la característica más humana, probablemente. Es el ahorro de las propias energías tanto tiempo como sea posible, el no querer pasar de un momento de placentera inactividad a una acción cualquiera. La pereza, pues, protege al organismo frente a situaciones de estrés.

7. LA LUJURIA
Es el deseo sexual constante y/o exacerbado. Representa el principal objetivo de la especie: la proliferación de la misma. Generalmente un mayor deseo desembocará en un mayor número de relaciones y, consecuentemente, en mayores probabilidades de engendrar descendencia.

No defiendo el pecado con esta publicación, solo pretendo abrir nuestra mente a nuevas perspectivas. Sois libres de opinar y, de hecho, me gustaría conocer vuestra opinión. Saquen sus propias conclusiones. Un saludo.

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