¿Quién dijo que la mujer no podía amar?
¿Quién dijo que Eva no podía desear?
¿Quién pensó que Eva no podía desear?
Su deseo fue el fruto prohibido...
Y allí la tenemos, deseando, observando, imaginando...
Y Eva coge, le agarra, le sujeta, le mueve, le muerde, se excita (y le excita), y Eva transpira y respira (inspira, espira, inspira, espira, espira, espira, inspir...espira, inspira...). Y Eva se place y le placen, se toca y le tocan. Eva palpa, roza, lame, besa...y todo es recíproco. Y Eva gime. Y a Eva todo aquello le gusta. Y Eva quiere más, más de lo mismo y más de distintas maneras...entonces, Eva innova (o trata de hacerlo), sugiere y prueba. Y a Eva le apetece, y fantasea...y ve sus fantasías cumplidas.
Y, mientras tanto, Eva ama.
Pero, mucho antes de que Eva desease, a alguien se le ocurrió que ella no debía desear.
Y, entonces, Eva despertó, se sintió culpable y dejó de imaginar.
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