5 de marzo de 2010

La represión de Eva

¿Quién dijo que la mujer no podía amar?
¿Quién dijo que Eva no podía desear?
¿Quién pensó que Eva no podía desear?
Su deseo fue el fruto prohibido...
Y allí la tenemos, deseando, observando, imaginando...
Y Eva coge, le agarra, le sujeta, le mueve, le muerde, se excita (y le excita), y Eva transpira y respira (inspira, espira, inspira, espira, espira, espira, inspir...espira, inspira...). Y Eva se place y le placen, se toca y le tocan. Eva palpa, roza, lame, besa...y todo es recíproco. Y Eva gime. Y a Eva todo aquello le gusta. Y Eva quiere más, más de lo mismo y más de distintas maneras...entonces, Eva innova (o trata de hacerlo), sugiere y prueba. Y a Eva le apetece, y fantasea...y ve sus fantasías cumplidas.
Y, mientras tanto, Eva ama.
Pero, mucho antes de que Eva desease, a alguien se le ocurrió que ella no debía desear.
Y, entonces, Eva despertó, se sintió culpable y dejó de imaginar.

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