23 de febrero de 2010

Melosa tortura

Se hace difícil permanecer impertérrito a esta sensación automática, imprevisible y de duración tan leve...ya que es precisamente la corta duración de sus efectos la que la hace cada vez más especial, fantástica y gustosa.
Esta sensación que es como un cosquilleo que surge de lo más profundo de la mente y que, sin darte cuanta, ya lo tienes en el pecho, envolviendo tu torso y retorciéndote el vientre. Entonces tu respiración se agita, pero es profunda, y tu corazón se acelera al unísono.
Es un escalofrío que puede erizarte el vello y recorrer tu cuerpo desde tus labios hasta la punta de tus pies; un hormigueo que te oprime el pecho dulcemente...y que desciende desde el mismo hacia otros lugares...incitándote, excitándote...
Es una melosa tortura, que nace de la atracción, del recuerdo o de la simple imaginación, para extinguirse rápidamente en su mejor momento.

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