Es importante cuestionarse la sexualidad propia. No debemos tener miedo. Conocer tu sexualidad te ayuda a conocerte mejor y a comprender a los demás. No porque te excite ver a dos personas del mismo sexo manteniendo algún tipo de relación sexual tienes que ser homosexual o bisexual. Es la carga erótica de la situación la que nos hace excitarnos.
Los valores éticos y morales de cada uno, que dependen fundamentalmente de la cultura y de los tabúes de la sociedad, son los principales determinantes o limitantes de nuestra sexualidad. Si en nuestro entorno estuviese bien visto el sexo grupal, por ejemplo, seguramente no sólo no nos escandalizaría, sino que nos apetecería o veríamos normal el probarlo o practicarlo con frecuencia. Si liberásemos nuestra mente descubriríamos muchas cosas que quizás no nos atreviéramos a confesar nunca. Sería reconfortante poder contar con gente de confianza con la que poder tratar estos temas abiertamente con la mayor naturalidad.
Desde mi punto de vista, el ser humano por naturaleza es heterosexual. El ser homosexual, como todo lo que ocurre en el organismo, debe estar regulado por genes o reacciones químicas, o por la asociación de estímulos concretos. Porque debemos aceptar que, como organismos, funcionamos a partir de reacciones bioquímicas. Por tanto, la homosexualidad no es una enfermedad sino una cuestión simplemente de gustos. Esto es lo que ocurre con el amor, regulado por sustancias como la dopamina: no elegimos de quién nos atrae ni de quién enamorarnos. Y, por último, el ser bisexual no tiene que consistir estrictamente en que te atraigan personas de ambos sexos, sino que también puedes ser totalmente heterosexual y que te atraigan ciertas personas de tu mismo sexo o que tan sólo te atraigan en determinadas circunstancias. O incluso puede ser mera curiosidad, o fruto de la aceptación de que puedes disfrutar sexualmente de esa manera. Todo esto desde mi opinión actual.
La diferencia que tenemos los seres humanos de los animales es que, aparte del sexo en sí, gozamos de la sexualidad. El sexo en sí se corresponde a la cópula entre macho y hembra para la supervivencia de la especie. La sexualidad abarca el erotismo, las personas, las posturas, las palabras, los relatos o novelas, los disfraces, la imaginación para innovar, los pensamientos y deseos, las ganas de probar cosas distintas…en resumen: es el disfrutar y exprimir el acto sexual. Este disfrute llega a un punto en que no tiene que ser cosa de dos, ni mucho menos de macho y hembra…y no tiene por qué consistir únicamente en la cópula. Porque el sexo para el ser humano, y esto es un concepto muy importante, no solo es el acto de fornicar. Las relaciones sexuales son, como su nombre indica, las relaciones que establecemos sexualmente. Esto incluye sexo oral, anal, besos, caricias, juegos, masajes eróticos…además del coito. Debemos aprender a disfrutar de cada parte de nosotros, de nuestra sexualidad.
Tenemos que abrir nuestra mente y ayudar a otros a que también lo hagan. Pero, eso sí, quien tenga claro lo que le gusta y lo que no, no es necesariamente alguien cerrado. El que alguien no quiera hacer un trío no quiere decir que esa persona nunca se haya planteado su sexualidad o que niegue su condición sexual. No todos somos iguales. A todos no nos gusta, por ejemplo, la alcachofa, pues a todos no nos tiene por qué apetecer un trío, es así de simple.
La cuestión en definitiva es: no prejuzgues a los demás, no critiques sus actos sexuales. Todos somos libres de obrar con nuestro cuerpo lo que queramos, no sin atender responsablemente a las consecuencias que el entorno social nos imponga. Lo crucial es no negarse a lo desconocido, no decir “eso no me gusta” sin haberlo probado y, ante todo, respetar la sexualidad propia y ajena de forma solemne.
Los valores éticos y morales de cada uno, que dependen fundamentalmente de la cultura y de los tabúes de la sociedad, son los principales determinantes o limitantes de nuestra sexualidad. Si en nuestro entorno estuviese bien visto el sexo grupal, por ejemplo, seguramente no sólo no nos escandalizaría, sino que nos apetecería o veríamos normal el probarlo o practicarlo con frecuencia. Si liberásemos nuestra mente descubriríamos muchas cosas que quizás no nos atreviéramos a confesar nunca. Sería reconfortante poder contar con gente de confianza con la que poder tratar estos temas abiertamente con la mayor naturalidad.
Desde mi punto de vista, el ser humano por naturaleza es heterosexual. El ser homosexual, como todo lo que ocurre en el organismo, debe estar regulado por genes o reacciones químicas, o por la asociación de estímulos concretos. Porque debemos aceptar que, como organismos, funcionamos a partir de reacciones bioquímicas. Por tanto, la homosexualidad no es una enfermedad sino una cuestión simplemente de gustos. Esto es lo que ocurre con el amor, regulado por sustancias como la dopamina: no elegimos de quién nos atrae ni de quién enamorarnos. Y, por último, el ser bisexual no tiene que consistir estrictamente en que te atraigan personas de ambos sexos, sino que también puedes ser totalmente heterosexual y que te atraigan ciertas personas de tu mismo sexo o que tan sólo te atraigan en determinadas circunstancias. O incluso puede ser mera curiosidad, o fruto de la aceptación de que puedes disfrutar sexualmente de esa manera. Todo esto desde mi opinión actual.
La diferencia que tenemos los seres humanos de los animales es que, aparte del sexo en sí, gozamos de la sexualidad. El sexo en sí se corresponde a la cópula entre macho y hembra para la supervivencia de la especie. La sexualidad abarca el erotismo, las personas, las posturas, las palabras, los relatos o novelas, los disfraces, la imaginación para innovar, los pensamientos y deseos, las ganas de probar cosas distintas…en resumen: es el disfrutar y exprimir el acto sexual. Este disfrute llega a un punto en que no tiene que ser cosa de dos, ni mucho menos de macho y hembra…y no tiene por qué consistir únicamente en la cópula. Porque el sexo para el ser humano, y esto es un concepto muy importante, no solo es el acto de fornicar. Las relaciones sexuales son, como su nombre indica, las relaciones que establecemos sexualmente. Esto incluye sexo oral, anal, besos, caricias, juegos, masajes eróticos…además del coito. Debemos aprender a disfrutar de cada parte de nosotros, de nuestra sexualidad.
Tenemos que abrir nuestra mente y ayudar a otros a que también lo hagan. Pero, eso sí, quien tenga claro lo que le gusta y lo que no, no es necesariamente alguien cerrado. El que alguien no quiera hacer un trío no quiere decir que esa persona nunca se haya planteado su sexualidad o que niegue su condición sexual. No todos somos iguales. A todos no nos gusta, por ejemplo, la alcachofa, pues a todos no nos tiene por qué apetecer un trío, es así de simple.
La cuestión en definitiva es: no prejuzgues a los demás, no critiques sus actos sexuales. Todos somos libres de obrar con nuestro cuerpo lo que queramos, no sin atender responsablemente a las consecuencias que el entorno social nos imponga. Lo crucial es no negarse a lo desconocido, no decir “eso no me gusta” sin haberlo probado y, ante todo, respetar la sexualidad propia y ajena de forma solemne.
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