Esa atracción fatal e inevitable, esa tensión sexual que anhela ser resuelta...
Las miradas encendidas, las expresiones provocativas...
La cercanía ardiente de vuestros cuerpos, las caricias dadas y recibidas, la sensación de su aliento sobre tu piel...
El control disimulado de sus movimientos mientras se descontrolan los tuyos, la aproximación inconsciente hacia el otro, como si de tu centro de gravedad se tratara...
La imaginación que cualquier gesto suyo puede desatar en tu cabeza, la predisposición sexual de la que se disfruta...o se sufre...
Esa atracción impetuosa e indomable, esa tensión sexual infinita...
¿Será comprensible enamorarse de las feromonas?
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