Ráfagas de sensaciones, imágenes y sonidos, todas envueltas de la más absoluta oscuridad y el más completo desorden... Es lo único que guardo de entonces.
Perdí la noción del tiempo, del espacio: no sabía dónde me encontraba, con quién, ni qué hacía; incluso me olvidé a mi misma, quién era yo. Olvidé mis objetivos, mis limitaciones...perdí la consciencia.
Me desperté. Unos labios se apoderaban de los míos, sus bordes carnosos me envolvían, jugando con ellos. Se abrieron y dejaron paso a su lengua, que se introdujo en mi boca con sutileza, dejando un sabor dulce en mi interior...para entonces cobrar energía y suscitar la pasión...y me dormí.
Me desperté. Esos labios yacían sobre mi cuello, besándolo, rozándolo...despertando en mí requerimientos superiores...volví a caer en mi sueño.
Pronto unas caricias me devolvieron a la escena: rodeaban mis hombros, bajaban por mis brazos de forma sugerente, se acercaban desde ellos hasta mi vientre y se introducían con suavidad y disimulo bajo mi pijama... Oscuridad.
Luz. Miré hacia abajo. Los labios que no habían parado de besarme se separaron de mí. Pude ver cómo mi camiseta se arrugaba bajo mi cuello y dejaba mis pechos descubiertos. Busqué su boca, pero ahora se encargaba de proporcionarme sensaciones mayores: apretaba mis senos entre sus fauces, succionando con delicadeza mis pezones, recorriéndolos con su lengua con movimientos circulares...dejando que su aliento los refrescara. Y, alcanzando el éxtasis, me envolvió de nuevo la sombra.
Desperté en pleno frenesí de movimientos sensuales...su cuerpo contra el mío, besándonos y acariciándonos en suma agitación. Sentí que me encendía, sentí mi cuerpo moverse por sí solo, por instinto, ahondando en su pantalón en busca de su miembro. Lo encontré. Erecto. Se me pusieron los vellos de punta y me sentí húmeda. Quería más... Sus manos descendieron por mi abdomen para acabar lujuriosas en el lugar del pecado. Adueñándose de mis caderas, se posó sobre mí. Siguieron con su recorrido hasta llegar a mi trasero, de donde se agarraron con fiereza. Continuaron nuestros movimientos. Las frases encendidas se sucedían, los monosílabos, los gemidos más excitantes...no podía parar. Padecía la verborrea más erótica y también la más soez. Ardía en mi fuero interno. Era una diosa irrefrenable, imparable... Entonces, la noche infinita cayó sobre mí.
La luz del mediodía me devolvió a la realidad. ¿Había sido un sueño? ¿Por qué no me lo parecía? ¿Acaso mi subconsciente obvió los obstáculos para permitirme disfrutar de mis mayores deseos porque podían verse cumplidos justamente?
Quería ver resueltas mis múltiples dudas pero todo se hallaba impregnado de una magia tan embriagadora que desplazaba mi estúpida curiosidad.
Realidad o ficción: perdí la consciencia.
Perdí la consciencia, sí...y me gustó.
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