8 de febrero de 2010

Las garras de Eros

Una noche de marzo, Vanesa salió con sus amigas de fiesta. Hacía mucho que esperaba la ocasión para intentar algo con Bruno, así que se puso unos pantalones bastante ajustados que marcaban fielmente su terso trasero. También se colocó un buen escote y se dejó el pelo suelto y salvaje, como sabía que a él le gustaba. Se maquilló a conciencia, con los ojos bien marcados en negro y los labios de un rosa muy atractivo.

La fiesta había empezado hacía un rato y Bruno no aparecía. Ya empezaba a dudar de los sentimientos e intenciones de él...y en ello estaba cuando al fin apareció.

Cuando se acercaron para saludarse con dos besos, Vanesa se derritió al verse envuelta por un olor tan varonil y sugerente…Ni qué decir del deseo que se despertó en él en cuanto la vio tan cerca y tan sensual. Deseó soltar la copa que tenía entre sus manos para sustituirla por uno de sus turgentes pechos. Pero no podía ponerse a pensar en esas cosas, no en ese momento…

Se pasaron un buen rato charlando sobre trivialidades, intercalando miradas y frases con segundas intenciones. Bruno recabó todo su valor para acelerar las cosas, y le propuso que salieran de la fiesta para “hablar con más tranquilidad en el coche”. Vanesa le dedicó una sonrisa pícara y no dudó en aceptar su propuesta.

Una vez en el coche, ella quiso tomar las riendas del asunto. No esperó a que Bruno tomara la iniciativa. Le miró a los ojos de la manera más encendida que él jamás había podido ver y se mordió el labio, entonces, dejándole hipnotizado, pudo deslizar sus piernas y colocarse sentada frente a frente, entre él y el volante. Bruno nunca se había encontrado ante una situación así, nunca ninguna de las otras había comenzado. Eso le provocó una erección realmente placentera, agarró a Vanesa por la cintura y le atrajo contra sí.

Ella no quiso pensar en lo que hacía para no echarse atrás ahora que era tarde y, sin dilación, acercó sus labios a los suyos. La explosión de placer fue tal, que un cosquilleo les recorrió el cuerpo como la pólvora, desde sus bocas hacia sus genitales. Cada roce era tan poderoso que se les erizaba el vello. Bruno comenzó a recorrer con sus labios y su lengua el cuello de Vanesa, a la vez que acercaba su mano desde la cintura hacia la parte inferior de sus senos. Llegados a este punto, ella comenzó a temblar. Se quitó la camiseta suavemente…así Bruno pudo ver como su pelo con olor a vainilla, tan oscuro y largo que se podía perder en él, caía lentamente sobre su piel y acariciaba su torso.

Él se quitó el polo mientras ella le aflojaba el cinturón (¿o ya no lo tenía?). Echó el asiento hacia atrás para dejarle espacio para moverse y fue a por todas. Vanesa no tuvo tiempo de sentir cómo Bruno le arrebataba el sujetador negro de encaje, dejando sus juguetones pechos a la vista, y comenzaba a pasar su lengua con énfasis alrededor de sus excitados pezones. Comenzó a ponerse húmeda y deseó tenerle dentro. Él recorría su cuerpo con sus grandes manos de dedos largos (que incitaban a pensar lo que se podría hacer con ellos) de forma leve y a la vez intensa. Ella abrió su cremallera y le bajó los pantalones y la ropa interior, para encontrarse con un miembro erecto en sus plenas facultades. Ver la curvatura y las dimensiones del mismo…y verlo tan rígido…le hizo anhelar tenerlo entre sus labios.

Bruno se endureció cuando vio como Vanesa volvía al asiento del copiloto, se cernía sobre él y abría su boca ante su glande…sintió su cálido aliento sobre su falo y se dejó llevar por el placer que ella le otorgaba. Ella lo recorría con su lengua lentamente, suavemente, ardientemente…mientras notaba que aún podía crecer más bajo sus labios. Pronto comenzó a usar los mismos para subir y bajar, en toda su longitud, humedeciéndolo. A Bruno se le hizo tremendamente difícil no explotar de gozo, pero decidió tomar cartas en el asunto y masturbarle, ya que en esa posición era complicado hacer nada más. Deslizó sus dedos por su vientre para abrir el botón de su pantalón. Vanesa, al notarlo, se deshizo de lo que le quedaba de ropa y se quedó desnuda junto a él.

Bruno estaba realmente encendido…pero quería cumplir con su parte antes de penetrarla. La deseaba con todas sus fuerzas. Prosiguió con lo que había comenzado, pasando sus dedos con una caricia sobre su vello púbico, tan delicioso…y bajó aún más para notar su excitación. No pudo extenderse mucho y le introdujo uno de sus largos dedos. Un arrebato de placer envolvió su cuerpo al sentir su intenso calor, su húmedo interior rodeando su dedo. Quería poseerla. Pero se contuvo y se encargó de hacer estremecer a su hembra como buenamente podía con el movimiento de su mano.

Pero Vanesa no quiso esperar más tiempo y se deshizo de su placentero hacer incorporándose un poco y volviendo a colocarse sobre él. Ya había llegado el momento. Bruno, agarró su pene erguido y lo introdujo lentamente en ella, notando la resistencia. Ella bajó apretando un poco más y él la encajó con fiereza en su interior. El arranque que se produjo fue brutal. Ella comenzó a arquearse sobre él, moviéndose con soltura y ligereza, gimiendo y tocándose. Él le embestía mientras sentía las contracciones de su sexo sobre su miembro. Tuvo miedo de decirle algunas cosas por si no le sentaba bien, pero pronto vio que ella hacía las delicias con su oreja a la vez que le decía cosas tan sensuales que podrían hacerle reventar. Estaba haciendo un gran esfuerzo por aguantar…pero nunca nadie se lo había puesto tan difícil. Por otra parte, parecía que ella quisiera hacerle explotar a cada instante. Bruno observaba su cara de placer, veía cómo su duro falo entraba y salía de ella…

Él comenzó a delirar…le tomaba sus tiernos pechos con ansia y le daba palmadas eróticas en el trasero mientras ella botaba encima suya de la manera más vigorizante. Vanesa lo quería todo de él. Lo estaba pasando realmente bien. Se coordinaban fácilmente. Ella deseaba que le penetrase una y otra vez, y así se lo decía. Sentía cómo le llegaba hasta el fondo, cómo se retorcía de placer, cómo su falo se ensanchaba, cargado…cómo él le cogía de esa forma tan respetuosa y ardiente al mismo tiempo. Gozaba cuando atrapaba sus senos con su boca, cuando su aliento fresco le recorría la piel calmándole el rubor…cuando le tocaba con acierto la parte cercana a su clítoris.

Pronto ella comenzó a sentirse cada vez más húmeda y sentía las palpitaciones involuntarias que su sexo imprimía sobre el de Bruno, sabía que pronto iba a llegar el orgasmo…pero daba igual, ella aguantaría a que él también lo hiciera… Sin saber cómo, en un impulso, los dos empezaron a acometerse con fuerza y un ritmo que se aceleraba por momentos. Él iba a estallar y podía darse cuenta de que ella también. Así que no dudó en arremeter contra ella, mientras ésta se encorvaba con ferocidad.

Vanesa no pudo más y empezó a gemir descontroladamente, con la mirada perdida, mojando el miembro de Bruno que, al notarlo, se prendió de forma culminante y le entró una y otra vez con la mayor rapidez y violencia que pudiera…hasta que sintió que se le escapaba de las manos…sintió un ascenso desesperado que le recorrió longitudinalmente la virilidad, provocándole el mayor fervor posible…un ascenso que desembocó en su glande…y, entonces, se derramó dentro de ella.

Vanesa continuó moviéndose sobre él, lentamente, bajando el ritmo…dejando que sus cuerpos volvieran pacientemente a su estado inicial, sacando todo lo que había dentro de él. Estaban gratamente sorprendidos ambos, extasiados…sin fuerzas…

Se miraron con una mezcla de pasión, complicidad y algo de rubor, se besaron con energía y se dispusieron a dar por terminada la sesión.

Vanesa volvió al asiento del copiloto y pudieron conversar un rato sobre lo que les esperaba. A Bruno le interesaba realmente y la miró con ternura mientras ella hablaba y sonreía iluminando la oscuridad. Se sentía tremendamente satisfecho.

Al cabo de un rato, él centró su atención en sus labios y la recordó lamiéndole…bajó un poco la mirada y pudo ver la dulce y deliciosa curva de sus senos…entonces tuvo otra erección y la hizo callar con un beso.

Con ello se dejaron caer de nuevo en las garras de Eros…durante el resto de la noche.

El deseo de los dos no podía ser mayor…hasta que perdieron la noción del espacio, la moral y el tiempo.


Lilith Lunaire

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